El 20% de sus productos se lleva el 80% de su dinero: ¿los está controlando igual que el resto?

El 20% de sus productos se lleva el 80% de su dinero: ¿los está controlando igual que el resto?

Piense en su almacén: seguro que tiene productos que salen todas las semanas y productos que llevan meses en el mismo estante. Tiene referencias que mueven dinero de verdad y otras tan baratas que un error con ellas no se nota en la caja. Ahora responda con sinceridad: ¿les dedica a todas el mismo cuidado? ¿Cuenta cada mes todo por igual, revisa los niveles de todo por igual y compra todo por igual? Si es así, no está haciendo un mal trabajo: está haciendo un trabajo mal repartido. Y ese desorden tiene un precio concreto. Las horas que pasa contando productos de poco valor son horas que no dedica a cuidar los que realmente sostienen su negocio. El producto que más vende se queda sin stock mientras usted organiza anaqueles llenos de cosas que apenas se mueven. La solución no es trabajar más, sino trabajar mejor, y para eso existe un método sencillo y probado: la clasificación ABC. En este artículo le explico qué es, cómo clasificar su catálogo por valor de venta o por rotación y qué debe cambiar en su almacén y en sus compras según la clase de cada producto. Al final tendrá una regla clara para decidir qué se cuenta cada semana, qué se cuenta cada mes y qué se revisa apenas un par de veces al año.

¿En qué consiste la clasificación ABC?

La clasificación ABC parte de una observación que se repite en casi todos los negocios: unos pocos productos concentran la mayor parte del valor o del movimiento. En la práctica se ve así:
  • Clase A: un grupo pequeño de productos, normalmente entre el 10% y el 20% de las referencias, que genera entre el 70% y el 80% del valor de las ventas o del movimiento del almacén. Son sus productos estrella: los que venden todos los días o los que cuestan caro.
  • Clase B: un grupo intermedio, alrededor del 20% al 30% de los productos, que aporta entre el 15% y el 20% del valor. Son productos importantes que acompañan las ventas y completan el surtido.
  • Clase C: la mayoría de las referencias, entre el 50% y el 70%, que apenas representa entre el 5% y el 10% del valor. Son muchos productos, casi siempre baratos o de venta lenta: los que están en el estante por si acaso.
La idea central no es despreciar a la clase C: es dejar de tratarla como si fuera la A. No puede controlar con el mismo esfuerzo un repuesto barato que nadie pide y el producto que le da de comer cada semana. Si reparte su atención por igual, lo que ocurre es que los productos A se quedan sin la vigilancia que merecen, justo los que más le cuestan cuando faltan o cuando se pierden.

El precio de controlar todo por igual

Cuando todas las referencias reciben el mismo trato, el negocio paga varios costos que casi nadie suma:
  • Conteos interminables: un inventario físico completo exige contar cientos de referencias, incluida una montaña de productos baratos que nunca se pierden. El tiempo que sobra para cuidar lo importante nunca llega.
  • Desabastecimiento en lo que de verdad vende: la atención se dispersa en todo el catálogo y el producto estrella se agota justo en la semana de mayor demanda. Esa venta no se recupera: el cliente se la lleva a otro lado.
  • Dinero dormido en los estantes: cada producto C parado es poco, pero cincuenta productos C parados son un capital importante congelado en cosas que no se mueven.
  • Mermas que nadie detecta: vencimientos, daños y obsolescencia golpean primero a los productos caros o perecederos, y si esos no se vigilan de cerca, la pérdida aparece cuando ya es tarde.
Ponga números a ese desorden: una empresa con 500 referencias que cuenta todo el inventario una vez al mes destina jornadas enteras a esa tarea. Si solo el 10% de sus productos genera el 75% de sus ventas, está dedicando el mismo tiempo a cuidar lo que produce 75 de cada 100 pesos que a cuidar lo que produce casi nada.

Cómo clasificar por valor de venta

La forma más común de clasificar es por el valor de venta anual de cada producto: cuánto dinero movió cada referencia en el último año. El cálculo es simple: unidades vendidas en el período multiplicadas por el precio o costo unitario. Para hacerlo en orden:
  1. Genere un reporte de ventas o de salidas por producto de los últimos doce meses. Si usa un sistema de inventarios, ese reporte sale en minutos; Kardex Tauro, por ejemplo, emite reportes de valor y de rotación por producto listos para clasificar.
  2. Calcule el valor anual de cada referencia (cantidad vendida por valor unitario) y ordene la lista de mayor a menor.
  3. Sume los valores en orden y calcule el porcentaje acumulado sobre el total: así verá cuántos productos se necesitan para llegar al 80% del valor.
  4. Asigne las clases: los primeros productos, hasta cubrir alrededor del 70% al 80% del valor acumulado, son clase A; los siguientes, hasta el 95% aproximadamente, clase B; el resto, clase C.
Si no tiene sistema, una hoja de cálculo con esas columnas cumple la misma función. La diferencia práctica es el tiempo: con reportes automáticos, clasificar un catálogo de 400 referencias toma una tarde; a mano, puede tomar días y quedar desactualizado en un mes.

¿Valor o rotación? Cuándo usar cada criterio

El valor de venta no es el único criterio posible. Hay negocios donde conviene clasificar por rotación, es decir, por la cantidad de veces que el producto sale del almacén en un período:
  • Por valor de venta: lo recomendado para ferreterías, repuestos, abarrotes y comercio en general, donde el objetivo es proteger el dinero que mueve cada referencia.
  • Por rotación: lo recomendado cuando el producto se vence, pasa de moda o cambia de versión: alimentos, cosméticos, moda, tecnología. Ahí un producto caro que rota poco puede ser menos riesgoso que un producto barato que se queda parado hasta vencerse.
También puede combinarlos: use el valor como base y suba de clase a los productos con alta rotación aunque sean baratos, porque su ausencia se nota todos los días. Y recuerde que un producto C no es un producto inútil: a veces es el accesorio o el complemento que hace falta para vender un producto A. La diferencia es que el A debe estar siempre disponible y el C solo debe estar cuando hace falta.

Qué cambia en el almacén y en las compras

Una vez clasificado el catálogo, la clase define tres decisiones concretas: dónde guardar cada producto, con qué frecuencia contarlo y cuánto stock mantener. Ubicación física. Los productos A van a la mano: a la altura de los ojos o de la cintura, cerca del área de despacho o del mostrador, para que preparar un pedido no exija caminar hasta el fondo. Los B van en estantes intermedios y los C, en los anaqueles altos o en la bodega trasera, con una sola unidad abierta para el despacho diario. Frecuencia de conteo. Los A se cuentan cada semana o cada quincena, porque un faltante ahí se nota de inmediato en la caja. Los B se cuentan con el inventario mensual normal. Los C se cuentan una vez al trimestre o al semestre: si se pierde una escoba de bajo costo, el golpe es pequeño; si se pierde el producto que más vende, no. Niveles de stock. Para los A conviene stock de seguridad, punto de pedido y reposición frecuente en lotes pequeños. Para los C, la regla es la inversa: pedidos grandes y espaciados, revisión ligera y, sobre todo, disciplina para no acumular.

Tabla: control por clase

Así se resume la política completa, clase por clase:
ClaseQué incluye% de productos% del valorConteo sugeridoUbicación y compras
APocos productos, alto valor o alta venta10% al 20%70% al 80%Semanal o quincenalA la mano, cerca del despacho; pedidos frecuentes en lotes pequeños con stock de seguridad
BProductos que completan el surtido20% al 30%15% al 20%MensualEstantes intermedios; revisión normal con punto de pedido
CMuchos productos baratos o de venta lenta50% al 70%5% al 10%Trimestral o semestralAnaqueles altos o bodega; pedidos grandes y espaciados, sin acumular

Ejemplo: una ferretería con 400 referencias

Vea cómo funciona en un caso realista. Una ferretería de barrio maneja 400 referencias entre herramientas, fijaciones, pintura, materiales eléctricos e hidráulicos. Al sacar el reporte de valor de ventas del último año descubre que 40 productos, el 10% del catálogo, concentran el 76% del valor; otros 110, el 27%, aportan el 17%; y las 250 restantes, el 63% de las referencias, apenas representan el 7%. Antes, la dueña contaba todo el inventario una vez al mes: tres días de trabajo para revisar 400 referencias, incluidas decenas de productos baratos que nunca se movían de su lugar. Y aun así, el destornillador que más vendía se agotaba con frecuencia porque nadie lo vigilaba de cerca. Con la clasificación aplicada, la rutina cambió por completo. Los 40 productos A se reubicaron en los estantes bajos junto al mostrador, se les fijó un stock mínimo y se cuentan cada viernes en media hora. Los B se mantienen en la zona media y entran en el conteo mensual. Los C subieron a los anaqueles altos, se piden dos veces al año y se cuentan en el inventario semestral. Los resultados del primer trimestre hablan solos: los desabastecimientos de los productos estrella prácticamente desaparecieron, el tiempo dedicado a conteos se redujo cerca del 60% y el dinero congelado en referencias que no rotaban bajó de forma notable, porque cada compra nueva empezó a justificarse con la clase del producto. La clasificación se revisa cada tres meses con el mismo reporte, y cuando cambia la temporada, cambian también las clases.

Conclusión: controle distinto lo que vale distinto

La clasificación ABC no es una teoría de manual: es la respuesta práctica a la pregunta más incómoda del inventario: ¿dónde está realmente su dinero? Y la respuesta casi siempre es la misma: en unos pocos productos que merecen la mayor parte de su atención. Cuando usted controla igual lo que vale mucho y lo que vale poco, el negocio pierde por partida doble: descuida lo importante y desperdicia esfuerzo en lo trivial. Empiece esta semana. Abra el reporte de rotación o de valor de su sistema, clasifique su catálogo en A, B y C y ajuste tres cosas: dónde guarda cada producto, cada cuánto lo cuenta y cuánto compra de cada uno. En Kardex Tauro los reportes de valor y rotación le muestran la lista ordenada para clasificar en minutos, y usted solo define las reglas; el sistema le recuerda qué contar, qué reponer y qué está quedándose quieto. Pruebe Kardex Tauro y haga que el 20% de sus productos reciba el 80% de su cuidado. Su caja lo va a notar.
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