Primeras escuelas y facultades de contabilidad en el mundo

Primeras escuelas y facultades de contabilidad en el mundo
Hoy quien quiere dedicarse a la contabilidad ingresa a una facultad de ciencias económicas, cursa varios años de estudios y obtiene un título universitario reconocido. Ese camino parece tan natural que cuesta imaginar que, durante siglos, la contabilidad no se enseñó en ninguna universidad: era un oficio que se aprendía trabajando, junto a un mercader o un tenedor de libros experimentado. Entre aquel aprendizaje artesanal y las facultades modernas transcurrió un proceso de casi setecientos años, con escuelas de ábaco en el Renacimiento, escuelas superiores de comercio en el siglo XIX y, finalmente, la entrada plena de la disciplina a la universidad. Este artículo recorre esa historia y responde a una pregunta sencilla: ¿dónde y cuándo se empezó a enseñar contabilidad en el mundo?
Antes de las aulas: un oficio que se aprendía en la práctica
Durante la mayor parte de la historia, el conocimiento contable se transmitió de la misma manera que los demás oficios: de maestro a aprendiz. Un joven que quisiera dedicarse al comercio entraba muy pronto a trabajar en un taller, un almacén o el escritorio de un mercader, donde aprendía a llevar los libros copiando asientos, observando a los mayores y cometiendo errores que luego corregía. La partida doble, perfeccionada entre los mercaderes italianos de la Baja Edad Media, se enseñaba así, casi en secreto, como un saber práctico ligado al negocio y no como una materia de estudio.
Hubo, sin embargo, un paso previo de gran importancia: las escuelas de ábaco del Renacimiento italiano. Desde el siglo XIII, ciudades como Florencia, Venecia, Génova o Pisa vieron florecer las llamadas scuole d'abaco, instituciones privadas donde maestros laicos enseñaban a los hijos de los mercaderes la aritmética práctica necesaria para el comercio: las cuatro operaciones con números indoarábigos, el cambio de moneda, los precios, los intereses y las reglas de sociedad. No eran universidades ni escuelas de contabilidad propiamente dichas, pero formaban a los jóvenes que luego llevarían los libros de las casas comerciales, y en ellas se difundió la matemática que hizo posible la contabilidad moderna. Obras como el Liber Abaci de Leonardo de Pisa, escrito a comienzos del siglo XIII, ayudaron a extender ese saber por toda Europa.
Europa en el siglo XIX: nacen las escuelas superiores de comercio
La Revolución Industrial y la expansión del comercio internacional cambiaron las reglas del juego. Las empresas crecieron, los bancos y las sociedades por acciones se multiplicaron, y de pronto hizo falta un número creciente de empleados capaces de llevar libros, calcular costos y entender las finanzas. El aprendizaje artesanal ya no bastaba: hacían falta instituciones donde se enseñara el comercio de manera sistemática. Francia fue pionera: en 1819 se fundó en París la École Supérieure de Commerce, creada por iniciativa privada de dos ex oficiales napoleónicos, Germain Legret y Amédée Brodart. Se la considera una de las primeras escuelas de comercio del mundo y la más antigua que sigue funcionando; en sus aulas se enseñaba contabilidad, idiomas, geografía comercial y derecho mercantil, todo con una orientación deliberadamente práctica.
El ejemplo cundió por el continente. En Bélgica, el Institut Supérieur de Commerce de Amberes, fundado hacia 1853, figura entre las instituciones más antiguas de enseñanza comercial superior de Europa. En Italia, un decreto real del 6 de agosto de 1868 creó en Venecia la Regia Scuola Superiore di Commercio, impulsada entre otros por el economista Luigi Luzzatti: fue la primera escuela superior de comercio del país y con el tiempo se transformó en la actual Universidad Ca' Foscari, que hoy ocupa el palacio gótico del Gran Canal del que toma su nombre.
Alemania sumó su propia pieza en 1898, cuando la Cámara de Comercio de Leipzig fundó la Handelshochschule, la primera escuela superior de comercio de carácter académico del país. Entre sus primeros estudiantes estuvo Eugen Schmalenbach, considerado uno de los padres de la moderna administración de empresas como disciplina científica. Austria y otros países europeos siguieron el mismo movimiento: a caballo entre los siglos XIX y XX, la enseñanza superior del comercio dejó de ser una rareza y se convirtió en una red de instituciones reconocidas.
Estados Unidos: la contabilidad entra a la universidad
Del otro lado del Atlántico, el gran salto ocurrió dentro de las universidades. En 1881, el industrial y filántropo Joseph Wharton donó los fondos para crear, en la Universidad de Pensilvania, la escuela que hoy lleva su nombre: la Wharton School. Fue la primera escuela de negocios de nivel universitario en Estados Unidos y una de las primeras del mundo en ese formato; su propósito declarado era formar personas capaces de servir de "pilares del Estado, tanto en la vida privada como en la pública". Aunque en sus comienzos la contabilidad no ocupaba el lugar central que tiene hoy, Wharton abrió el camino para que el estudio del comercio y las finanzas se considerara una carrera digna de la universidad.
Dos décadas después, en 1900, la Universidad de Nueva York fundó la School of Commerce, Accounts and Finance, una de las primeras escuelas universitarias del país dedicadas expresamente a los negocios, la contabilidad y las finanzas. Detrás de su creación estuvo Charles Waldo Haskins, contador público y cofundador de la firma Haskins & Sells, convencido de que la contabilidad merecía una formación universitaria rigurosa. Aquella escuela, hoy conocida como Stern School of Business, demostró que la teneduría de libros podía enseñarse al más alto nivel académico.
Conviene recordar, sin embargo, que en Estados Unidos la profesión se organizó antes que la universidad. Los contadores públicos se agruparon en asociaciones profesionales desde fines del siglo XIX y fueron esas asociaciones, junto con los estados, quienes crearon los primeros exámenes para obtener el título de contador público certificado, el célebre CPA, que se examinó por primera vez en Nueva York en 1896. Las universidades llegaron después, pero llegaron para quedarse: durante el siglo XX los programas de contabilidad se multiplicaron y se convirtieron en la vía habitual de ingreso a la profesión.
De curso técnico a carrera con título
El paso de la contabilidad por la universidad no fue automático ni uniforme. En muchos países empezó como un conjunto de cursos sueltos dentro de programas de comercio; poco a poco, esos cursos se organizaron en carreras completas con planes de estudio propios, departamentos dedicados y, más tarde, posgrados e investigación académica. La contabilidad dejó de verse como una simple técnica de registro para entenderse como una disciplina con teoría, criterio profesional y responsabilidad social: una evolución que las asociaciones de contadores impulsaron con sus exámenes y códigos de ética mientras las facultades consolidaban la formación.
Ese doble origen explica algo que sigue siendo cierto hoy: la contabilidad académica nunca abandonó del todo su raíz práctica. Un buen programa universitario combina la teoría con ejercicios de registro, casos de empresas reales y, en muchos países, prácticas profesionales supervisadas. La profesión exigió desde temprano esa mezcla, y las facultades aprendieron a ofrecerla. En los países donde la carrera se consolidó más tarde, la experiencia de las escuelas de comercio sirvió de puente: cuando las universidades crearon sus facultades, ya existían programas, docentes y una generación de profesionales formados que pudieron dar el salto.
Hispanoamérica: las escuelas nacionales de comercio
En los países hispanoamericanos, la enseñanza comercial institucionalizada llegó a lo largo del siglo XIX, inspirada en los modelos europeos. México ofrece un ejemplo temprano: en 1845 se creó en la Ciudad de México el Instituto Comercial, que con los años se llamó Escuela Especial de Comercio, luego Escuela Nacional de Comercio y Administración y, desde 1890, Escuela Superior de Comercio y Administración, hoy parte del Instituto Politécnico Nacional. Desde sus primeros planes de estudio incluyó la aritmética comercial y la contabilidad en partida simple y doble, junto con idiomas y geografía comercial; de sus aulas salieron los primeros contadores del país.
Argentina siguió un camino parecido: en 1890, bajo la presidencia de Carlos Pellegrini, se fundó en Buenos Aires la primera escuela de comercio del país, hoy Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini, ligada a la Universidad de Buenos Aires. En otras naciones de la región, las escuelas nacionales de comercio cumplieron durante décadas el papel que hoy desempeñan las facultades: formar a los tenedores de libros y contadores que necesitaban las casas comerciales y los Estados, antes de que la contabilidad ingresara plenamente a la universidad en el siglo XX.
Un recorrido por los hitos
La siguiente tabla resume las instituciones que marcaron el camino de la enseñanza contable, desde las primeras escuelas de comercio hasta los programas universitarios.
| Institución | Año | País | Aporte |
|---|---|---|---|
| École Supérieure de Commerce de París | 1819 | Francia | Una de las primeras escuelas de comercio del mundo; sigue activa |
| Instituto Comercial (hoy ESCA) | 1845 | México | Inicio de la enseñanza comercial oficial en el país |
| Institut Supérieur de Commerce de Amberes | c. 1853 | Bélgica | Una de las escuelas de comercio superior más antiguas de Europa |
| Regia Scuola Superiore di Commercio de Venecia | 1868 | Italia | Primera escuela superior de comercio italiana; hoy Universidad Ca' Foscari |
| Wharton School (Universidad de Pensilvania) | 1881 | Estados Unidos | Primera escuela de negocios universitaria del país |
| Escuela de Comercio de la Capital (hoy Carlos Pellegrini) | 1890 | Argentina | Primera escuela de comercio del país |
| Handelshochschule de Leipzig | 1898 | Alemania | Primera escuela superior de comercio académica alemana |
| School of Commerce, Accounts and Finance (NYU) | 1900 | Estados Unidos | Escuela universitaria pionera en negocios, contabilidad y finanzas |
Como suele ocurrir con las fechas fundacionales, cada institución tiene su propia historia de cambios de nombre, de nivel y de sede; la tabla muestra el año en que cada una abrió sus puertas con el carácter que la hizo célebre.
De los pupitres del siglo XIX a las facultades de hoy
Un siglo y medio después de la Regia Scuola di Commercio de Venecia, prácticamente no existe universidad importante sin una facultad o departamento de ciencias económicas, administrativas o contables. Lo que en 1819 era una excepción parisina se convirtió primero en un movimiento europeo, luego en una red mundial y finalmente en una disciplina consolidada, con carreras de contaduría pública, maestrías y doctorados en todos los continentes. El estudiante de hoy sigue aprendiendo la partida doble que ya se enseñaba en las escuelas de comercio del siglo XIX, pero además estudia costos, impuestos, auditoría, sistemas de información y normas internacionales.
Esa formación universitaria se apoya, cada vez más, en herramientas que hacen el trabajo contable más ordenado y confiable. Quien lleva la contabilidad de un negocio sabe que los registros valen lo que vale su respaldo: sin un control cuidadoso de las existencias, ningún libro mayor cuenta la historia completa de la empresa. Por eso, junto a los conocimientos adquiridos en las aulas, programas como Kardex Tauro ayudan a los contadores y administradores de hoy a mantener el inventario al día, con la misma disciplina que los antiguos maestros de ábaco exigían a sus alumnos, pero con la tecnología del siglo XXI.