Software de Kardex e Inventarios

Kardex Tauro

El Software de Inventarios Kardex Tauro® está diseñado para administrar eficazmente su Bodega o Almacén y se aprende a manejar en muy corto tiempo.

Kardex Tauro es gratuito para uso no comercial.
No requiere conexión a internet, funciona en Windows

Precio de venta: cómo fijarlo sin regalar el margen

Precio de venta: cómo fijarlo sin regalar el margen

Cuando llega la pregunta de cuánto cobrar, la respuesta más común en una pyme colombiana es sumarle un porcentaje al costo. Dos meses después el negocio vende más y la utilidad no crece: ese porcentaje no era el margen, y el costo que se usó como base tampoco era el costo completo.

Fijar el precio es una decisión con tres insumos: el costo real por unidad, el margen que la operación necesita para cubrir gastos y ganar algo, y lo que el cliente está dispuesto a pagar frente a sus alternativas. Si falta uno, el número sale mal. Aquí se calculan los tres con un ejemplo replicable.

Por qué el precio no es el costo más un porcentaje

Sumarle un porcentaje al costo es rápido, y por eso se usa tanto. También es la razón por la que muchas empresas venden más y ganan igual.

La primera falla: el porcentaje se aplica sobre un costo incompleto. Se toma la última compra y se dejan por fuera el flete de entrada, el empaque, la merma y los gastos fijos que le tocan. La segunda: se usa el costo histórico; si el transporte o la tasa de cambio movieron el valor de reposición, el precio nació viejo.

La tercera: la cuenta no mira al cliente. Un producto puede costar poco y resolver mucho, y otro costar mucho y ser reemplazable en la esquina. El mismo porcentaje deja plata sobre la mesa en el primero y pierde ventas en el segundo.

La cuarta: el porcentaje se elige por costumbre. Nadie sabe de dónde salió el treinta por ciento, pero se aplica desde hace años. El orden correcto es otro: el costo pone el piso, el mercado pone el techo y el margen necesario dice dónde ubicarse.

Margen sobre precio y markup sobre costo: la confusión que cuesta puntos

El margen se calcula sobre el precio de venta; el markup se calcula sobre el costo. Son dos porcentajes con bases distintas, y en la conversación diaria se usan como si fueran lo mismo.

Margen = (precio − costo) ÷ precio. Markup = (precio − costo) ÷ costo. Un producto de costo 60.000 que se vende en 100.000 tiene 40 % de margen y 66,7 % de markup: la misma utilidad de 40.000 contada de dos formas.

El daño aparece cuando alguien pide "cuarenta por ciento" y el encargado aplica cuarenta por ciento sobre el costo. El resultado no deja 40 % de margen: deja 28,6 %. Se pierden once puntos sin que nadie lo note, porque el precio quedó dentro de lo que parecía normal.

Markup sobre un costo de 60.000Precio de listaUtilidad por unidadMargen real sobre precioDiferencia frente al 40 % esperado
25 %75.00015.00020,0 %20 puntos por debajo
40 %84.00024.00028,6 %11,4 puntos por debajo
66,7 %100.00040.00040,0 %Sin diferencia

Las conversiones caben en dos fórmulas: margen = markup ÷ (1 + markup); markup = margen ÷ (1 − margen). Un markup de 30 % equivale a 23,1 % de margen, y un margen de 30 % exige un markup de 42,9 %.

La solución es de vocabulario: definir que en toda reunión, lista y sistema, "margen" significa sobre precio de venta. Media docena de precios mal calculados en los productos de mayor rotación explica un año entero de utilidad floja.

Costo unitario real: directo, indirecto y el costo de servir al cliente

El costo que sirve para fijar precio tiene tres capas, y casi todos los negocios calculan solo la primera.

El costo directo se asigna a una unidad sin discutir: materia prima, mano de obra directa, empaque, flete de entrada. El indirecto sostiene la operación: arriendo, servicios, administración, depreciación, mermas. Se reparte con un inductor —horas máquina, metros, pedidos— y el criterio cambia el resultado: por unidades castiga al producto barato; por metros, al voluminoso.

El costo de servir es la tercera capa y la que más se olvida. Vender no termina en la entrega: hay flete de salida, comisión, recaudo, devoluciones, cartera y posventa. Dos clientes con el mismo producto pueden dejar márgenes muy distintos.

Capa del costoQué entraCómo se asignaError típico
DirectoMateria prima, mano de obra directa, empaque, flete de entradaPor unidad, con documentos de compraUsar la última factura y no el costo de reposición
IndirectoArriendo, servicios, administración, depreciación, mermasCon un inductor: horas máquina, metros, pedidosRepartirlo todo por unidades y castigar la referencia barata
Servir al clienteFlete de salida, comisión, recaudo, devoluciones, carteraPor pedido, cliente o canal, según el comportamiento realTratarlo como gasto general y no como parte del margen
Financiero y de inventarioDinero inmovilizado, obsolescencia, segurosPor días de inventario y valor de la referenciaIgnorarlo cuando el producto rota lento

Un ejemplo con la tercera capa. Un producto de costo total 60.000 se vende en 100.000. Cada despacho cuesta 4.000 de flete, la comisión pactada es de 3.000 por unidad y se provisiona 1.000 por devoluciones y cartera, el 1 % del precio de lista. El margen bruto sigue siendo 40.000, pero el margen neto real es 32.000: 32 %, no 40 %.

Cuánto margen necesita el negocio para no trabajar gratis

El margen no se elige por ambición sino por aritmética. El margen de contribución de cada venta debe cubrir gastos fijos, gastos financieros, impuestos y la utilidad que el dueño espera. Lo que sobra es ganancia; lo que falta es pérdida, aunque la cuenta bancaria todavía no lo muestre.

El cálculo va de arriba hacia abajo. Con gastos fijos de 18.000.000 al mes —arriendo, nómina administrativa, servicios, cuotas de crédito— y una utilidad deseada de 6.000.000, hay 24.000.000 que deben salir del margen de contribución. Con un margen promedio de 35 %, las ventas necesarias son 24.000.000 ÷ 0,35 = 68.571.429. Cifras de ejercicio: lo que importa es el procedimiento.

El margen solo no alcanza. Un producto con 20 % de margen que rota doce veces al año devuelve 2,4 veces su costo en inventario; uno con 45 % que rota dos veces devuelve 0,9. Y el promedio engaña: un portafolio con 35 % puede tener una familia al 12 % que se lleva la mitad de la bodega.

Impuestos y precio final: qué va dentro del precio y qué va aparte

En Colombia el precio de lista puede expresarse con IVA incluido o sin él, y confundir los dos desarma cualquier cálculo. El IVA no es ingreso: se recauda para la autoridad tributaria. Si el margen se calcula sobre un precio con IVA, el porcentaje sale inflado.

La regla es simple: costo sin IVA contra precio sin IVA. El impuesto se suma al final, para la factura, y se resta al principio, para el análisis. Lo mismo aplica a los impuestos al consumo: son parte del precio que paga el cliente, no del margen del vendedor.

Dos errores de claridad se pagan caros: calcular la comisión sobre el total facturado con impuestos, y aplicar el descuento sobre el valor con IVA, que reduce el margen más de lo que parece.

Las retenciones no cambian el margen, pero sí la caja. Un cliente que retiene parte del pago no está pagando menos: está pagando después, y ese desfase tiene costo financiero que debe entrar en el costo de servir.

Precio desde el mercado: valor percibido, competencia y disposición a pagar

El costo dice hasta dónde se puede bajar. El mercado dice hasta dónde se puede subir. Ese segundo límite está en la cabeza del cliente.

La pregunta útil no es "¿cuánto pagaría?", porque casi nadie responde bien eso. La pregunta es qué haría si el producto no estuviera disponible: comprarlo en otro lado, comprar uno distinto, postergar la compra o dejar de hacer la tarea. Cada respuesta indica el costo de no tenerlo, y ese costo es el techo real.

En ventas de negocio a negocio el valor se cuantifica: horas ahorradas, merma evitada, devoluciones que no ocurren, días de inventario liberados. Si evita 200.000 de pérdida al mes, un precio de 80.000 es conversación fácil. Si el cliente no puede nombrar el beneficio, gana el más barato.

La competencia sirve como referencia, no como respuesta. El precio del vecino no dice nada sobre su estructura de costos: puede estar liquidando inventario, tener un costo menor por volumen o cobrar aparte servicios que este negocio incluye.

Dos herramientas prácticas: comparar precio por unidad de uso y no por empaque, porque el cliente compara rendimiento aunque el negocio compare bultos; y ordenar el portafolio en tres niveles —entrada, intermedio y especializado— con precios que se distingan de verdad.

Descuentos: cuánto volumen hay que vender para compensar uno

Un descuento no reduce la utilidad en el mismo porcentaje que el precio: la reduce mucho más, porque el costo no baja. La cuenta que casi nadie hace es cuántas unidades adicionales hacen falta para dejar la misma utilidad en pesos.

La fórmula es directa: unidades necesarias = utilidad por unidad sin descuento ÷ utilidad por unidad con descuento. Si el margen por unidad cae de 40.000 a 30.000, hay que vender 1,33 veces lo que se vendía: 33 % más de unidades, con el mismo costo fijo.

Descuento sobre el precio de listaPrecio de ventaMargen por unidadMargen sobre precioUnidades para igualar la utilidad de 1.000Aumento requerido
Sin descuento100.00040.00040,0 %1.000—
5 %95.00035.00036,8 %1.143+14,3 %
10 %90.00030.00033,3 %1.333+33,3 %
15 %85.00025.00029,4 %1.600+60,0 %

Un descuento del 10 % no pide 10 % más de ventas: pide un tercio más. Si el negocio no tiene capacidad ni mercado para crecer un tercio, el descuento no es estrategia de volumen sino donación.

Peor cuando se suma el costo de servir. Con los mismos 8.000 por unidad despachada, el margen neto a 90.000 queda en 22.000, es decir 24,4 %: la utilidad neta por unidad cae 31 % con un descuento de 10 %.

Los descuentos por volumen tienen lógica cuando el volumen adicional reduce el costo unitario: más unidades por despacho, mejor negociación de flete, menos visitas por peso vendido. Si el volumen no reduce nada, el escalón solo traslada utilidad al cliente.

Precios por canal y por cliente: cuándo la diferencia es legal y cuándo es riesgo

Vender al mismo precio en todos los canales suena justo y suele ser un error económico. El costo de servir cambia, y si el precio es idéntico, el canal más costoso subsidia al más barato.

  • Mostrador: costo de servir bajo, transacción pequeña, cliente sensible al precio visible.
  • Mayorista: exige descuento y compra volumen, pero impone logística, plazo y devoluciones.
  • Institucional: plazos largos, garantías y documentación; el costo financiero pesa más que el precio.
  • Venta en línea: comisión de recaudo, empaque individual, flete por pedido y más devoluciones.

La diferencia entre canales es legítima cuando refleja una diferencia real de costo o de servicio. En Colombia la libertad de fijar precios es la regla, con excepciones: bienes con precio regulado y conductas que la normativa de competencia sanciona, como la discriminación injustificada entre clientes que compiten. Con posición dominante, consulte a un abogado.

Hay además una obligación práctica: el precio exhibido debe corresponder al que se cobra, y las promociones deben informarse con condiciones y vigencia claras. Para controlar la diferencia: lista base por canal, descuentos documentados y aprobación de excepciones por encima de un umbral.

Cómo revisar precios sin perder clientes

La revisión anual de toda la lista, el mismo día, concentra el impacto en una sola conversación y deja once meses de márgenes erosionados. Funciona mejor un sistema de disparadores.

El primero es el costo: cuando el costo de reposición de una referencia sube más de un umbral definido, esa referencia entra a revisión sin esperar el calendario. El segundo es el margen: un informe mensual por familia muestra qué referencias se alejaron del objetivo. El tercero es el mercado: si un competidor mueve un precio comparable, se revisa antes de reaccionar.

Con esos disparadores la revisión se vuelve rutina. Al cliente no se le avisa "vamos a subir todo"; se le comunica el cambio de la referencia que le afecta, con fecha y con razón. En contratos con precio fijo el aviso previo suele estar pactado: respetarlo es cumplimiento.

Antes del ajuste, tres decisiones. Segmentar, porque los clientes no reaccionan igual y los de mayor volumen no siempre son los de mejor margen. Escalonar por grupos de referencias en fechas distintas. Y revisar el portafolio: a veces el problema es una referencia de baja rotación que ocupa bodega.

Cómo comunicar el ajuste y qué responder cuando el cliente protesta

La comunicación del precio es parte de la decisión, no un trámite posterior. Un ajuste explicado con datos se acepta mejor que uno anunciado como necesidad del negocio.

La estructura que funciona tiene cuatro partes: el hecho, la razón, el alcance y la alternativa. El hecho es la fecha y el cambio concreto. La razón es verificable: subió el flete, subió el costo de reposición, cambió el arancel. El alcance es específico: aplica a esta referencia. La alternativa es real: otra condición de entrega, otro empaque, otra frecuencia.

Lo que no funciona: explicar el alza con la situación del negocio ni pedir disculpas por cobrar. Tampoco negociar en caliente: si el cliente pide una excepción, se responde con una fecha y se decide con la estructura de costo a la vista.

Errores frecuentes

Los cinco errores que más margen destruyen en una pyme no son de cálculo fino: son de falta de revisión. Cada uno tiene un síntoma visible en el estado de resultados y una corrección concreta.

ErrorSíntomaConsecuenciaCorrección
Fijar el precio con el costo del mes de mayor volumenEl margen se ve bien en temporada alta y cae el resto del añoPrecios que solo cubren costos en el mejor mesUsar costo con capacidad normal y costo de reposición
Aplicar descuentos sin recalcular el punto de equilibrioVentas al alza, caja y utilidad planas o en bajaCrecer sin ganar, con más carga operativaCalcular unidades necesarias antes de aprobar
Ignorar el costo de servirClientes grandes con margen aparente alto y utilidad bajaSubsidio cruzado entre canales y clientesAsignar flete, comisión, devoluciones y cartera por pedido
Igualar el precio del competidor sin conocer su estructuraPrecios que no cubren el costo propioCompetir con reglas ajenas y quebrar con las propiasComparar valor y costo de servir, no solo el número
Revisar precios una vez al año y de golpeAjustes grandes, conversaciones difíciles, clientes que se vanMárgenes erosionados once meses y un salto bruscoDisparadores por costo, margen y mercado

Un cierre honesto antes de decidir

Nada de esto sustituye al contador. La estructura de costos, el tratamiento tributario y el flujo de caja de cada empresa tienen particularidades que un artículo no resuelve, y las decisiones con impacto en contratos conviene consultarlas.

También hay casos donde el método aplica a medias. Si el precio está regulado, el margen de maniobra es otro. Si el producto es genérico y sin diferenciación, el mercado manda y la única palanca real es el costo. Si se compite en una licitación con precio cerrado, la decisión se toma antes, cuando se define si vale la pena participar.

Y hay una condición previa que suele ser el verdadero cuello de botella: el método exige datos. Costo de reposición confiable, gastos fijos separados de los variables, costo de servir por pedido. Por eso el primer paso no es la lista sino ordenar el kardex, las compras y las devoluciones.

El precio es una decisión repetible, no un número que se fija y se olvida. Cada cambio de costo, de canal o de competencia obliga a mirar la lista otra vez, y eso exige un costo que se pueda explicar y defender: Kardex Tauro existe para eso. El negocio que lo entiende deja de discutir porcentajes y empieza a discutir márgenes con números.

Sigue leyendo

Compartir
Enlace copiado
Microsoft Store desde Microsoft StoreDescargar gratis
Chatea por WhatsApp